"...esto es lo que los dioses nos han transmitido como método de búsqueda, de descubrimiento y enseñanza; pero los sabios de hoy día hacen lo uno al azar, más rápido o más lento que lo necesario y, luego de lo uno ponen inmediatamente lo infinito; en cuanto a los mediadores, los ignoran,... (inversamente, de lo infinito) no hay que ir inmediatamente a lo uno...". Platon; Filebo; 16 e; 18 b

sábado, 27 de noviembre de 2010

¿VOTAR POR EL MAL MENOR?

Transcribo un fragmento de esta colaboración del profesor chileno José Luis Widow Lira para http://viva-chile.cl/2009/10/%C2%BFvotar-por-el-mal-menor/

"...Hace algunos días escuchaba un argumento de esta laya: hay tres tipos que me pueden asaltar. Uno me robará la billetera, el otro la billetera y todo lo demás, el tercero, además de dejarme en traje de Adán, me abandonará herido y a mi suerte. No hay duda de que debiera elegir, si pudiera, al que me robará sólo la billetera. “Es el mal menor”.

Otro de esta índole: no votar por X es favorecer las otras alternativas, que son todavía peores.

Y todavía una tercera argumentación: la responsabilidad política o civil está en apoyar a alguien y no en lavarse las manos diciendo que ninguna de las alternativas es óptima. Votar en blanco o anular el voto es, simplemente, no cumplir con un deber ciudadano fundamental.

Quiero hacer algunas aclaraciones sobre estos argumentos.

1) Respecto del primero, me parece que el argumento falla en un punto fundamental: confunde las cosas hasta el punto en que elegir el mal menor ya no se diferencia de cooperar con el mal. Veamos. En el ejemplo planteado, aparte de irreal, el objeto de la acción –entenderemos por objeto de la acción aquello a lo que se dirige, causando un bien o un mal formalmente humano, independientemente de la intención–, que es un aspecto central a la hora de tomar una buena decisión, no es nada malo, sino, por el contrario minimizar el daño que se recibirá. Quien elige que se le robe sólo la billetera sin más perjuicios, no roba, sino que sufre el robo. El voto por una persona, sin posibilidad de hacer distinciones, implica apoyar a esa persona y su programa de gobierno precisamente sin distinciones. El voto está planteado, guste o no guste, como el todo o nada. Porque el voto no admite distinciones es natural y fundada la reacción de los ganadores en una elección: hacen ver el gran apoyo que obtuvieron, sin restar a los que votaron por ellos como “mal menor”. Y tienen razón: tantos votos… tantas personas que apoyaron su candidatura y su programa. Por eso, quien vota por un candidato no lo sufre, sino que, precisamente, lo apoya… y si lo votó y lo sufre sin más precisiones, entonces es masoquista y ya el problema es de otro tipo.

Maticemos algo. Hay algunos bienes humanos de mayor envergadura que otros. Análogamente, hay males más graves que otros. Indudablemente que a la hora de votar no se puede esperar un candidato óptimo. Quien lo haga, morirá esperando. Pero que no exista el candidato óptimo no justifica el apoyo a alguno que haya asegurado que causará un mal grave. Sí se puede apoyar a aquel que se prevé hará un gobierno que, quizá, no llegará a la excelencia, pero sí que se sabe respetará todos los bienes principales de la vida humana. Votar por alguien que ha afirmado que dañará un bien principal, aunque haya alternativas peores, no vota por el mal menor, sino que coopera con el mal: mediante su acción de apoyo permitió que el candidato elegido lleve a cabo el mal en cuestión. Al votar, no está permitido hacer distinciones. El objeto de la acción es el apoyo indiscriminado al candidato.

Para abundar en lo mismo, alguien que ha anunciado, por el motivo que sea, que en su gobierno dañará un bien principal no tiene legitimidad de origen para gobernar –ésta consiste no tanto en la adecuación a las formalidades jurídicas para llegar al cargo en cuestión, aunque éstas también sean importantes, sino a la adecuación en principio a la ley natural–, por lo que malamente se puede votar por él.

Elegir el mal menor es legítimo cuando la elección no implica apoyar un mal grave.

Preferir un candidato de mediana calidad a otros que se sabe causarán daños graves, pero que respetará los bienes principales es legítimo por dos razones: primera, porque se le elige en razón de lo bueno que hará, y, segunda, porque razonablemente se prevé que el mal que pueda seguirse de su gobierno no es grave y, en consecuencia, es tolerable. Alguien podrá alegar que lo que se dice del candidato mediano, también puede aplicarse a aquel otro que anunció males graves: se le elige en razón de lo bueno que hará y no del mal que causará. Precisamente la doctrina del mal menor obliga a diferenciar entre los males que son tolerables y los que no. Los tolerables pueden ser permitidos en razón de conseguir un bien cuya envergadura justifica padecerlos. Pero un mal formalmente humano no se justifica nunca ni hacerlo ni apoyarlo. Volvamos al ejemplo primero: si la alternativa ya no es simplemente padecer un asalto, sino hacerse partícipe en uno activamente, no es legítimo elegir siquiera el que tiene por fin robar sólo billeteras. “Es que si no pueden llegar a matar…”. Lástima, pero nadie puede cometer activamente una injusticia. Tampoco cooperar con la realización de una.

Por último y siempre en relación con el primer argumento, puede decirse que si se acepta ese camino, se puede llegar a cualquier cosa, porque siempre es posible que al lado haya alguien todavía peor. Mañana elegiremos a quien promete la ley de aborto sin restricciones, porque el candidato de al lado promete lo mismo más la eugenesia, y el de más allá el aborto, la eugenesia y la eutanasia.

2) El segundo argumento siempre me ha costado mucho entenderlo: francamente no entiendo por qué si no estoy votando por alguien lo estoy apoyando. Me suena más a milagro. “Es que si votas en blanco, el total de votos es menor y por lo tanto el porcentaje del ganador es mayor”. ¿Y…? ¿Por qué es problema el porcentaje que saca el ganador? Lo que está en juego no son porcentajes, sino contenidos de gobierno. Por último, el voto nulo entra en el total. Si este es su problema, no vote en blanco, anule.

3) Respecto del tercer argumento, dos cosas. Ya señalé que no se trata de caer en la inútil espera del candidato óptimo. Eso es claro. Lo óptimo es enemigo de lo bueno dice con toda razón el dicho popular. Pero ya está dicho también que la imposibilidad de la alternativa óptima no justifica la elección de cualquier otra: hay que mirar adentro y comparar al candidato no sólo con otros candidatos, sino con las exigencias de la ley natural.

La otra cosa relativa al tercer argumento es la siguiente. Votar puede ser –no necesariamente– una responsabilidad grave que hay que cumplir. Pero sin lugar dudas que las responsabilidades políticas más importantes deben cumplirse entre votación y votación. La patria exige que por ella se hagan muchas cosas y cotidianamente. Y no me refiero sólo a las obligaciones relativas a la profesión u oficio que se practica o a las familiares –es de Perogrullo que estas deben cumplirse bien–, sino a otras que van más allá y que exigen dedicación especial… y sacrificio personal. De esto nadie debiera restarse. Cada cual podrá cooperar según sus talentos y posibilidades. Y en este terreno se puede cooperar con el gobierno cualquiera que sea, ..... En este caso el objeto de la acción es el bien específico que se hará y no un apoyo indiscriminado a un gobierno que ha incluido en su programa un daño grave al bien común."

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